4 consejos para tomar decisiones difíciles y muy difíciles

decisiones dificiles

Me costó tomar la decisión de escribir este artículo, pues no es un tema fácil. No fue, sin embargo, una decisión tan difícil comparada con muchas de las decisiones que seguro hemos tenido que tomar alguna vez en nuestra vida y que inevitablemente tendremos que tomar en el futuro. Nadie se puede ahorrar en la vida la necesidad de tomar decisiones, y decisiones, muchas veces, muy difíciles.

Evidentemente, cada ámbito de la vida puede ser mirado desde lo específico que tiene. De esta manera, podríamos hablar de decisiones financieras, vocacionales, matrimoniales, profesionales y así. Como el espectro de posibilidades es tan amplio, me ha parecido lo más conveniente, desde el punto de vista práctico, enfocarme sólo en los aspectos más generales de la toma de decisiones, es decir, en aquellos aspectos que podrían servirnos de guía básica para todas las situaciones que enfrentemos.

Quisiera aclarar, en primer lugar, qué son las decisiones difíciles. Son aquellas en las que entran en conflicto un gran número de variables, de todos los órdenes y a veces de manera confusa, cuyas consecuencias pueden ser decisivas en nuestra vida.

A veces las decisiones son difíciles sólo por sus consecuencias, como por ejemplo decidir renunciar a un trabajo en el que se nos obliga a actuar inmoralmente. En este caso se sabe lo que hay que hacer, pero es doloroso; en otros casos, sin embargo, las decisiones son difíciles porque hay muchos caminos posibles y todos con algún riesgo. Son las situaciones de oscuridad: situaciones en las que no se sabe qué camino tomar. A este tipo de decisiones, principalmente, me refiero en este artículo.

Cuatro son los consejos que puedo darles para enfrentar este tipo de decisiones. Y son los siguientes:

1.    Poner la “razón” en primer lugar

Las decisiones tienen que tomarse con inteligencia, con racionalidad. La “razón” es una facultad demasiado importante en los seres humanos como para no usarla, o usarla mal.

A continuación les entrego tres herramientas que me han ayudado mucho a tomar decisiones inteligentes, racionales, tanto moral como materialmente.

a)    El filtro ético

La racionalidad no es sólo técnica. Hay una racionalidad ética, que nos dice qué es moral y qué no. Pongamos atención a la siguiente figura.

Matriz etica

Esta matriz tiene 4 cuadrantes. En el plano vertical tenemos una definición sobre la moralidad de las decisiones; y en el horizontal, sobre sus consecuencias materiales.

Las decisiones siempre deben tomarse dentro de una legitimidad moral. Esa legitimidad moral se da en los cuadrantes (I) y (II), siendo el cuadrante (I) el de las decisiones difíciles (o heroicas). ¿Por qué? Porque las consecuencias materiales, tomemos la decisión que tomemos, son negativas. Por ejemplo, oponerse con firmeza a un cliente vital para nuestra empresa en una situación de grave transgresión moral, lo que probablemente implicará nuestro fracaso económico.

Los cuadrantes (III) y (IV), como es obvio, debieran descartarse siempre como opciones de decisión, puesto que son inmorales. En el caso del cuadrante (III) la situación es tentadora, puesto que las consecuencias materiales son positivas. Por ejemplo, la opción de obtener dinero fácil por medio de un fraude.

b)   El análisis de escenarios

Una vez pasadas por el filtro ético, nuestras decisiones pueden ser analizadas en sus escenarios más probables. Veamos la siguiente tabla con atención.

planilla escenarios

Por medio de esta tabla podemos colocar las opciones que nos van quedando en una columna y analizarlas desde el punto de vista de lo mejor que podría pasar, lo peor y lo más probable.

Por ejemplo, puedo debatirme en si poner una cafetería o iniciar una empresa consultora. Analizando los pros y los contras, podríamos llegar a la conclusión de que, en el caso de la cafetería, el mejor resultado es una franquicia de nivel mundial; el peor, la quiebra familiar (debido a la alta inversión); y el escenario más probable, la quiebra familiar (porque no tengo idea de cafeterías). En el caso de la consultora, el mejor resultado podría ser un trabajo bien remunerado, pero exigente; el peor, la pérdida de tiempo (una consultora no requiere gran inversión); y el escenario más probable, una pérdida de tiempo. Si no tengo más opciones, la elección es intentar con la consultora.

c)    Identificar y evaluar los factores críticos de decisión

Esta tabla es muy interesante, porque nos pone frente a la identificación de los factores críticos del éxito de una decisión. Veamos la tabla.

 planilla factores criticos

Por ejemplo, podemos determinar que las tres razones más importantes para elegir un socio son cuatro: (1) solvencia financiera, (2) competencia, (3) integridad y (4) tamaño de su red de contactos. Bueno, ésta es la base para decidir. Luego, sólo queda comparar.

Estas tres herramientas que acabo de proponerles no pretenden agotar las posibilidades de análisis, pero es un buen punto de partida para él.

Sigamos.

2.    Pedir consejo, pero no a la mamá

No tengo nada contra las madres, al contrario. Sólo quiero dar a entender que, en muchas situaciones, aunque hayamos analizado todas las variables racionalmente, podemos continuar confundidos. En esta situación conviene siempre pedir consejo, pero a alguien que verdaderamente nos pueda ayudar.

Es muy difícil encontrar un “hombre-comodín” que nos sirva en todos los casos. Lo mejor es tener alguien en quien apoyarse en cada ámbito: finanzas, contabilidad, emprendimiento, educación, ética… Nadie es bueno en todo.

Además, deben ser personas íntegras, objetivas, sobresalientes en su especialidad y que sepan poner nuestro bien antes que cualquier otra cosa. No le puedes preguntar a un vendedor de aspiradoras si sus aspiradoras son buenas. Tienes que encontrar a alguien que te pueda ayudar sin compromisos.

Una última cosa, pedir consejo no es lo mismo que evadir tu responsabilidad. La decisión final siempre es tuya. La razón por la cual se debe pedir consejo es para descubrir o vislumbrar algún camino que no vimos, nada más. La decisión final siempre debe ser nuestra.

Es importante considerar otra cosa, además. Quienes llevan consigo la chispa de la genialidad son capaces de ver lo que nadie más ve, y puede darse el caso de que en algún minuto no les quede más remedio que caminar solos. Ése es el precio que los hombres geniales tienen que pagar para ser quienes son. Pero ten cuidado de nuevo, porque los tontos y los genios se parecen mucho: ambos son testarudos por igual.

3.    No actuar de forma impulsiva

San Ignacio, el fundador de la Compañía de Jesús, gran maestro del discernimiento, les aconsejaba a sus jesuitas que en los momentos de oscuridad no hicieran cambios, sino que se mantuvieran en la misma línea.

Muchas veces, en los momentos de mayor confusión tenemos la tentación de actuar impulsivamente o de cambiar drásticamente nuestros planes. Es el miedo que se apodera de nosotros y nos hace perder la razón. En esos momentos conviene esperar unos días hasta tener nuevas luces o hasta que se restablezca en nosotros el orden interno.

Todas las grandes decisiones deben ser tomadas en una situación de paz interior.

4.    No dilates la decisión. Tómala. Agárrate de tu conciencia

Las decisiones tienen que tomarse en algún minuto, ya sea para actuar o para no actuar. Dilatarlas puede tener graves consecuencias para nosotros. Stephen Covey solía aconsejar que, en situaciones donde obligadamente se debía tomar una decisión a oscuras, se acudiera a la conciencia como último recurso.

La conciencia es un juicio sintético sobre la realidad, una voz interior, a veces clara, a veces no tanto, sobre todas las situaciones de la vida. Siempre hay que oírla, sobre todo en los momentos de oscuridad. Es cosa de cerrar los ojos, serenarnos y ponerle atención. Siempre tiene una palabra para nosotros. Podemos equivocarnos, es cierto. Pero nunca podemos obrar contra nuestra conciencia.

Una última cosa.

En lo personal he tenido que tomar muchas decisiones difíciles en mi vida, especialmente este último tiempo. A veces, después de analizarlo todo, después de escarbar por todos lados, he seguido sin ver nada. Absolutamente nada. Todo es noche, todo es oscuridad. En esos momentos, más que en ningún otro, subo mis ojos al Cielo esperando una respuesta, una voz, un milagro o lo que sea. Pero Dios me habla con el silencio, un silencio elocuente que parece decirme muy claramente y llenándome de paz: “Pedro, esta decisión la tienes que tomar tú”.

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