Cómo traducir la felicidad a objetivos concretos (4)

Objetivo

Si desplegamos, en una planilla tipo Excel, la “perspectiva del sentido” del mapa de relaciones causa-efecto que describimos en el artículo Un mapa para la felicidad (3) resulta lo siguiente:

Planilla bienes básicos

El propósito de esta planilla es servir de plantilla para colocar en cada columna los grandes objetivos de nuestra vida en relación con cada uno de los diferentes grupos de bienes básicos. Recuerden que estos 8 grupos de bienes básicos agotan todo bien posible para un ser humano. Por tanto, si para cada uno de ellos nos planteamos objetivos concretos habremos abordado los desafíos de nuestra vida de manera integral.

Ahora bien, es imposible llenar esta planilla si no damos por lo menos una pequeña descripción de cada uno de los grupos de bienes básicos. En el artículo anterior describimos el bien de la vida. Nos queda aún por entregar una descripción de los los otro siete. En este artículo alcanzaremos a describir tres bienes más: (1) el conocimiento, (2) la experiencia de la belleza y (3) el juego/trabajo.

2. El conocimiento

Todos deseamos conocer la verdad. Este bien básico tiene su fundamento en ese hecho. Nadie está hecho para tener su inteligencia convertida en un compartimento vacío. Tenemos necesidad de saber; y es una necesidad fuerte, intensa. Queremos saber dónde están nuestros hijos o si nuestro esposo nos ama; deseamos saber si nuestro jefe nos valora o si hay vida después de la muerte; buscamos conocer cómo conquistar una chica o cómo se escribe una novela. Por distintas razones buscamos conocer. Hay un conocimiento, incluso, que se quiere por sí mismo, sin propósitos instrumentales, sino simplemente por el deseo de saber, por nuestro propio gusto; un conocimiento que queremos tener aunque nadie nos pague por ello. Ése es el tipo de conocimiento al que se refiere este grupo de bienes básicos. El conocimiento que se desea por sí mismo.

En mi caso, tengo un solo gran objetivo en este grupo de bienes básicos: “alcanzar la sabiduría”. Nada más (ni nada menos). Cuando era niño, sin embargo, mi mayor anhelo de conocimiento era conocer el mundo de las hormigas. Podía pasar horas leyendo sobre hormigas y explorando los jardines. Era un gozo para mí, una gran alegría. Pero éste es mi caso. A otros les gusta saber de autos; a algunos, de perros, de tecnología o de actualidad. No hay dos personas iguales. La idea es descubrir qué conocimientos nos producen pasión y luego ponernos un objetivo al respecto para salir en su búsqueda. Eso es todo lo que debemos hacer.

3. La experiencia de la belleza

Nuestro mundo sería bastante menos deseable si careciera de belleza. Pero la hay. Hay belleza: en una mujer, en un paisaje, en los colores de la mañana, en la sonrisa de un niño, en una canción, en una obra de ballet, en un partido de tenis. El mundo está impregnado de belleza. Cuando ésta falta, la extrañamos como se extraña la luz del sol después de un largo invierno.

Cada uno es más sensible a un tipo de belleza que a otro. En algunos puede darse una fuerte inclinación hacia la pintura; en otros, a la música; muchos se pueden sentir atraídos hacia la contemplación de la naturaleza o hacia la arquitectura. En fin, puede haber miles de posibilidades. Recuerdo que una amiga ciega de nacimiento me dijo alguna vez con gran determinación que para ella la belleza era la música.

Los objetivos aquí pueden ser muy diversos. Por ejemplo, disfrutar de la música o de la pintura, gozar el ballet o de un hermoso partido de fútbol, o de la literatura o del cine. Debemos ser capaces de indagar en nosotros mismos y descubrir cuál es la belleza que nos cautiva y proponernos cultivarla.

4. El juego (y el trabajo)

Otro ámbito claramente identificable de nuestra vida es el del juego, esto es, la diversión planteada como desafío que nos exige poner en acción nuestras habilidades. Si en el bien básico de la experiencia de la belleza “ver” un hermoso partido de tenis u “oír” una bella pieza musical pueden haber sido dos objetivos muy concretos, en este caso, “jugar” tenis o “interpretar” una pieza musical son, por ejemplo, los objetivos que nos debemos proponer. La nota distintiva aquí no es la “contemplación”, sino la “realización”.

Objetivos posibles para este bien podrían ser:

  • Jugar tenis
  • Jugar futbol
  • Pintar
  • Tocar el piano
  • Jugar ajedrez
  • Escalar la montaña
  • Bailar
  • Salir a correr y así un largo etcétera

En este bien básico también se encuentra el “trabajo”. Más de alguno podría pensar que debe haber algún error en esto. Pero la verdad es que no lo hay. Esta duda surge del triste hecho de que mucha gente odia su trabajo, con un odio real y consistente, porque lo considera más bien un mal necesario que una diversión. Sin embargo, esta situación tan triste no es normal. El trabajo debiera ser para los adultos lo que el juego es para los niños, un espacio de desafío y desarrollo de nuestras mejores habilidades. Pero no quiero extenderme más en este punto, porque escribí un largo artículo sobre esta cuestión llamado Felicidad y trabajo. Una matriz de 4 cuadrantes nos da la clave.

Objetivos en relación con el trabajo podrían ser:

  • Convertirme en escritor
  • Ser empresario
  • Hacer del montañismo una profesión
  • Ser el más grande especialista en recursos humanos del país

Como pueden ver, en este punto los objetivos son más bien amplios, generales. Cuando analicemos la perspectiva de la acción estos objetivos se harán aún más específicos.

Por el momento voy a dejar el artículo en este punto. Los otros cuatro grupos de bienes básicos restantes requieren todavía una significativa descripción que haría muy extenso este artículo. Les propongo ir obteniendo desde ya objetivos personales para cada uno de estos bienes básicos y completando la planilla del comienzo del artículo.

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