Cómo traducir la felicidad a objetivos concretos (el final y algo más…)

la misma vieja forma de pensar

Hemos estado siguiendo una secuencia lógica de artículos con el propósito de mostrar en forma esquemática el proceso de la acción humana y del camino del hombre hacia la perfección -o hacia la felicidad, que es lo mismo-. Este esquema nos podría servir de guía para la definición de los objetivos de nuestra vida. Éste es el quinto artículo de dicha serie y con él la daremos por terminada. Lo haremos no porque no haya más que decir sobre el tema. Al contrario, hay mucho que decir. Pero en vez de decirlo a medias –como me parecía que lo estaba haciendo- he decidido decirlo de una vez y de la mejor forma posible. O sea, he tomado la decisión de regalar el libro que contiene in extenso, y de manera mucho más amena, la narración de la totalidad de la idea que quería resumir en los artículos que he estado escribiendo. Será mucho mejor para ustedes; y a mí, por otro lado,  me permitirá dar vuelta la página y abordar otros temas. De hecho, espero escribir por lo menos dos veces a la semana intercalando los temas de perfección personal –que no me puedo acostumbrar a llamar “desarrollo” personal- con algunas cuestiones de interés para el emprendimiento y la gestión de negocios.

Pero retomemos lo que habíamos dejado pendiente. Estábamos hablando de los 8 grupos de bienes humanos básicos definidos por los filósofos John Finnis y Germain Grisez, notable filósofo del Derecho, el primero; y un gran impulsor de la renovación de la Ética, el segundo. Si consideramos que la felicidad es la condición del hombre que posee el bien que perfecciona su naturaleza, la posesión de estos 8 grupos de bienes básicos podría resumir perfectamente lo que significa para alguien ser feliz. Su conquista, su logro, entonces, debiera ser el propósito principal de todo hombre que esté rectamente decidido a asumir la desafiante tarea de encontrar su felicidad. La planilla expuesta más abajo (que ya describimos en el artículo anterior) está dividida en 8 columnas, una para cada bien básico. El propósito de esta planilla es servir como una “plantilla” que facilite la reflexión y la identificación de objetivos concretos en cada uno de los ámbitos que hacen de nuestra vida una vida plena. Deben ser objetivos generales, amplios, como por ejemplo “estar en forma”, objetivo que podría ser muy apropiado en relación con el bien de la vida. Las acciones que nos ayudarán a lograr este objetivo, las acciones subordinadas –como las hemos denominado en otro artículo- son el paso siguiente, la segunda derivada del trabajo que estamos haciendo ahora.

Planilla bienes básicos

Bien. Habíamos descrito anteriormente los siguientes grupos de bienes: (1) vida, (2) conocimiento, (3) experiencia de la belleza y (4) juego/trabajo. Nos queda todavía explicar los cuatro restantes: (5) armonía con los otros, (6) armonía en uno mismo, (7) armonía entre nuestras elecciones y nuestras acciones y (8) armonía con Dios. He aquí su descripción:

5. Armonía con los otros

Nuestra vida tiene una dimensión social irrenunciable. Somos personas individuales, pero no solitarias. Por ejemplo, no surgimos por generación espontánea. Nuestra vida es el fruto del amor de nuestros padres que nos han acogido por largos años en el calor de una familia. Nadie es una isla. Esto nos enseña que no existe, estrictamente hablando, la “autorrealización”. Nadie puede encontrar la felicidad exclusivamente dentro de sí. Nuestra felicidad depende en gran parte de lo que otros hagan por nosotros, a saber, nuestros padres, hermanos, amigos, cónyuges, compañeros de trabajo… Esas relaciones esenciales de nuestra vida deben mantenerse en armonía para que realmente podamos vivir felices. Si la relación con nuestra esposa o con nuestro jefe no es buena, tenemos un problema; hay que encontrar una solución. Muchas veces eso no dependerá de nosotros, sino de los otros. Las personas son libres y no hay claves secretas para tratar con personas libres. Pero en lo que de nosotros depende, hemos de vivir en armonía con los demás. Las heridas en la relación con las demás personas nos duelen, nos hacen daño. Debemos aprender a restañarlas. Los siguientes son algunos ejemplos de algunos objetivos generales que podríamos proponernos para este bien. Para abordar correctamente este grupo de bienes conviene plantearse los objetivos según los distintos roles que uno tenga en la vida: esposo, padre, amigo, colega, tío… Siempre enfocándose, por supuesto, en lo posible. Algunos ejemplos:

  • En el rol de “pretendiente”: formar una familia
  • El rol de esposo: ser un esposo excepcional
  • En el rol de amigo: ser un amigo activo y presente
  • En el rol de hijo: acompañare a mis padres en su ancianidad
  • En el rol de jefe: convertirme en un líder excepcional
  • En el rol de subalterno: asumir con responsabilidad e integridad la misión profesional que me han dado

Estos son sólo algunos ejemplos. Cada uno podrá buscar los suyos. No hay dos vidas iguales.

Es de notar que todos los objetivos deben comenzar siempre con un verbo en infinitivo: lograr, conseguir, formar, crear… Esta indicación nos hace tomar conciencia de que todavía está pendiente una cuestión muy importante: la “acción” que nos lleve a ellos.

6. Armonía en uno mismo

Este bien podría llamarse también paz interior. Su significado es bastante más sencillo y menos esotérico de lo que suena. Muchas veces somos invadidos por la duda, la inquietud, la incertidumbre y nos sentimos angustiados, faltos de paz interior. Pensamos que nuestra esposa nos engaña, creemos que nuestro jefe nos quiere despedir, nos angustia la situación económica de nuestro país, nos inquieta no tener noticias de nuestros hijos por largo tiempo. Todas estas dudas, y otras como ellas, nos quitan la paz interior. Debemos, combatir estas dudas de raíz. Muchas veces pasará por aclarar ciertas situaciones externas; otras, por vencer algunos defectos internos. Algunos ejemplos de objetivos que uno puede proponerse para este bien básico son:

  • Aclarar con mis jefes las dudas respecto a mi desempeño profesional (si me angustia la duda sobre lo que piensan de mi trabajo)
  • Ordenar las cuentas para tener claridad sobre si gasto más de lo que gano o no
  • Lograr la comunicación con mi padre para enterarme de su estado de salud
  • Tomar una decisión, de una vez, sobre un difícil tema profesional que me angustia y que no puedo resolver

Como se habrán dado cuenta, en este bien básico también tocamos de alguna manera la relación con los otros. Sin embargo, a diferencia, del bien básico anterior –la armonía con los otros- en este caso no hay conflicto, sólo duda. Puedo tener una buena relación con mi novia, pero puedo estar atormentado por las dudas acerca de su amor por mí. Me angustia la idea de perderla. No es, por tanto, un problema en la “relación” con ella, sino mío, de mi interior. Su solución puede radicar en sostener una buena conversación con ella o quizás en superar algún problema de inseguridad personal. Lo que sea, debemos resolverlo. No podemos quedarnos en un estado de confusión pudiendo hacer algo al respecto.

7. Armonía entre nuestras elecciones y nuestras acciones

En el caso anterior había duda o confusión en nuestro interior; pasábamos por una situación de oscuridad sobre algo. En este caso hay claridad, no hay duda. Tenemos claro lo que queremos. El problema es que no lo hacemos. Queremos ser pintores, pero trabajamos en una ferretería; queremos decir que no, pero decimos que sí; queremos levantarnos en punto, pero nos quedamos dormidos sistemáticamente. Esto es lo que los psicólogos llaman disonancia cognoscitiva; es decir, una situación de divorcio entre nuestros deseos y lo que finalmente hacemos. Bien, esta situación no es posible. Debe ser resuelta. Algunos ejemplos de objetivos en este sentido podrían ser:

  • Buscar un trabajo donde pueda enseñar, porque es lo que me apasiona
  • Terminar la relación con Carlos, pues no es el hombre que me conviene
  • Decirle que no a mi jefe cuando me obligue a saltarme el almuerzo o me llame los domingos para obligarme a ir a trabajar
  • No gastar más dinero de lo presupuestado

Cada uno sabrá descubrir ese mundo de contradicciones que cada uno lleva dentro, pero que sabemos no debería estar allí. No nacemos para tener esa doble vida. Se podría decir que quien vive en la contradicción es prisionero del miedo. La gran virtud del hombre auténtico, del hombre sin máscara, es la valentía. En este bien básico se trata de ser valientes e iguales a nosotros mismos. A es A.

8. Armonía con Dios

En honor a la verdad, los filósofos Finnis y Grisez denominaron a este grupo de bienes básicos con un nombre más largo: “la armonía con la fuente más-que-humana de sentido y significado”. Ese nombre me pareció un poco largo y un tanto confuso. Por eso preferí apostar por el nombre de Dios. Los filósofos nos dicen que todos necesitamos una respuesta a la pregunta por el sentido último de nuestra vida. Hay un espacio infinito en nuestro corazón que  todos buscamos llenar con algo que lo sacie: una ideología, una espiritualidad, un equipo de fútbol. Pienso que ese espacio no puede ser llenado sino por Dios. No hay nadie que no tenga esa pregunta dentro: la pregunta por Dios y por el sentido último de su vida. Mientras no la resolvamos, no seremos plenamente felices. Esta es la columna donde podemos poner cualquier propósito al respecto.

Con esto doy por terminada la explicación de los 8 bienes básicos. El análisis detallado de un caso, y todo el conjunto de cuadros y planillas necesarias para poner en acción nuestra vida en función de ellos están claramente explicados en Nosotros somos el tiempo, el libro de poco más de 200 páginas -¡hijo de mis sudores!- que nos enseña cómo ponernos en camino hacia nuestra felicidad en un tiempo que parece hacernos la guerra. Espero que lo lean y que les guste. Hasta pronto.

Nota: Puedo parecer un poco voluble, pero en realidad, me arrepentí de regalar el libro. De los arrepentidos es el reino de los cielos, dicen.

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