El absurdo de la “ley” de la atracción

falso

Me sorprende la ingenuidad con la que mucha gente, sin mediar el más mínimo espíritu crítico, acepta como verdadera cualquier nueva teoría que prometa conseguir el éxito fácil. Fórmulas tales como “adelgace comiendo lo que le gusta y sin hacer ejercicios”, “hágase más inteligente sin estudiar”, “hágase rico sin trabajar y sin invertir un solo peso” son sólo una pequeña muestra del gigantesco y millonario mercado del éxito fácil. Resultaría gracioso, si no fuera tan triste, contemplar la enorme cantidad de farsantes que se han hecho millonarios vendiendo ilusiones sin fundamento, en otras palabras, vendiendo nada. Esto sí que es negocio, dicen algunos. A todos se les suele pagar por vender “algo”; a estos tipos se les paga por vender “nada”.

Hoy quisiera referirme particularmente a una de estas “promesas” de éxito fácil, una de las más populares, la llamada “ley de la atracción”.

La “ley” de la atracción tiene sus raíces en el misticismo de oriente y pertenece al cúmulo de enseñanzas de la Nueva Era. A unos pocos iluminados les habría sido “revelada” por ocultas fuerzas cósmicas un “secreto” (esto es típico del esoterismo, siempre hay un secreto y unos pocos iluminados que lo conocen). Este “secreto” es la “ley” de la atracción. Esta “ley” postula que todo lo que sucede a nuestro alrededor es producido por nuestros pensamientos. Si algo malo nos ocurre es porque nuestros pensamientos lo produjeron; si nos ocurre algo bueno, lo mismo. La tesis central de esta teoría -como lo son en general todas las teorías de la Nueva Era- es que estamos conectados con el universo y que éste se manifiesta a nuestro favor o en contra de acuerdo con nuestros pensamientos. La fenomenología de este proceso es la siguiente: el pensamiento (como deseo) produce una emoción, la emoción emite una onda que se expande por el universo; y éste responde a nuestro deseo materializándolo, “manifestándolo”. La clave, entonces, para “dominar” esta ley es aprender a controlar nuestro deseo y nuestras emociones. Con eso estamos listos, nuestros sueños se harán realidad.

Hay quienes pretenden ofrecer una explicación científica para darle validez a esta teoría. En ellas asume el protagonismo la física cuántica y la energía. No quiero entrar en esto, sin embargo. No es necesario. Basta mostrar lo absurdas que son algunas de las conclusiones que se pueden inferir de sus falsas premisas. A modo de ejemplo pongo cuatro casos, tres casos de la vida real y un caso de laboratorio.

1. La ley de la atracción y el holocausto judío.

Si la ley de la atracción fuese cierta, podríamos decir que los judíos tuvieron una terrible “crisis” de deseos negativos durante la segunda guerra mundial. Seis millones de “pesimistas” muertos en los campos de concentración. Hasta ahora habíamos creído que los culpables del holocausto habían sido los nazis. Resulta, sin embargo, que la existencia de esta “ley” demuestra que los verdaderos culpables fueron los judíos y su mentalidad tristemente negativa.

2. La ley de la atracción y las torres gemelas

También habíamos llegado a pensar que Al Qaeda había sido el responsable del terrible atentado de las torres gemelas. Sabemos ahora, gracias a este secreto, que los aviones que se estrellaron contra las torres gemelas no eran más que marionetas inconscientes guiadas por fuerzas cósmicas que “manifestaban” el deseo de suicidio colectivo emanado de los pensamientos de quienes estaban en las torres ese día. ¿Será así? No creo.

3. La ley de la atracción y el loco de mi ciudad

Recuerdo también el caso de un famoso enfermo mental de mi ciudad. El tipo era un clásico. Recorría toda la ciudad “caminando” a toda velocidad en medio de la calle y emitiendo un fuerte ruido gutural simulando el motor de un auto. El sujeto estaba convencido de que manejaba un auto. Absolutamente convencido. Una vez, incluso, lo vimos comprar un periódico, subirse a su auto imaginario y tirar el periódico hacia atrás, hacia el supuesto “asiento” trasero, y luego seguir su loco recorrido. En todos los años en que el tipo estuvo loco, y convencido de que lo que manejaba era un auto real, jamás vi que se materializara un auto de verdad como respuesta del universo a las energías cósmicas de su deseo. Bueno, es posible que el auto haya sido invisible. ¿Lo vieron? ¿No? ¿No les dije que era invisible?

4. La ley de la atracción entra en loop

Por último, para dar un ejemplo de laboratorio, expongo la siguiente situación. Si Ana está enamorada de Juan; Juan, de Andrea; Andrea, de Gonzalo; y Gonzalo, de Ana, y todos ponen en acción la ley de la atracción, se llega a una situación imposible, a una contradicción, porque nadie podría conseguir lo que desea aún cuando pusieran en práctica magistralmente la ley de la atracción. Ana debería conseguir a Juan, pero resulta que a Juan no le interesa Ana, sino Andrea. Ésta a su vez no está interesada en Juan, sino en Gonzalo, y éste, a su vez, en Ana. O sea, el universo cae en un loop, hace corto circuito. Pero hay un principio básico en todo razonamiento. Si la idea que se expresa contiene en sí misma una contradicción, entonces es falsa. Las ideas se pueden escribir, aunque sean absurdas. Uno puede escribir cualquier cosa. No obstante, las contradicciones no pueden existir en la realidad. Las ideas locas pueden escribirse en papel, pero no pueden escribirse en la lógica implacable de la realidad. La realidad no admite contradicciones. Así de sencillo. Por tanto, si la ley de la atracción contiene en sí misma una contradicción, es porque es falsa. Punto. No hay más que hablar.

Casi me da vergüenza haber tenido que hablar de este tema. Pero con tal de ayudar a un solo ingenuo a salir de su apagón intelectual, habrá valido la pena haber escrito estas pocas líneas.

One Response to “El absurdo de la “ley” de la atracción”

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  1. Esteban says:

    La razón de que la gente acepta tan fácilmente la ley de atracción se debe a que muchos de hoy tienen el síndrome de Peter Pan. Donde los adultos se comportan como personas inmaduras pero sobre todo sufren de lo siguiente:

    1. Lo quieren todo.
    2. Pero no quieren comprometerse ni esforzarse por nada.

    La ley de atracción promete poder conseguir todo de forma fácil casi sin esfuerzo solo hay que pensar, desear y dejar que las cosas “fluyan” debido a esto, la ley de atracción es una propuesta muy tentadora para los adultos con síndrome de Peter Pan. por eso hay mucha gente que prefiere creerlo antes que dudar de aquello.

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