El heroísmo de ser original, de ser fiel a uno mismo

bola roja

Me encanta la música de Piazzolla. Cuando pienso en el tango no pienso en Gardel, sino en Piazzolla. Adiós Nonino, Milonga del Ángel, Otoño Porteño, Oblivion… Obras inolvidables, y me atrevería a decir que insuperables en su género. Realmente me es difícil imaginar que alguien pueda superar en el tango lo logrado por este músico notable. Piazzolla sencillamente agotó las posibilidades del género. Sin embargo, la historia de sus comienzos no fue fácil; el camino que lo llevó al éxito estuvo lleno de incomprensiones y momentos oscuros. Un día, sin embargo, alguien le enseñó a creer en sí mismo y entendió que si era fiel a quien era,  le iría bien. Ésta es su historia, la historia de cómo Piazzolla se convirtió en Piazzolla, una historia edificante, que podría ser también la nuestra.

Astor Piazzolla nació en Mar del Plata, Argentina, en 1921. Cuando tenía 6 años de edad, su padre le regaló un bandoneón, pero sus primeros estudios formales de música fueron de música clásica. Al tango llegó después. Y cuando comenzó a tocarlo, como él describe, comenzó a sentir dentro de sí mismo  “golpe de tango”. Pero luego le pasó algo curioso: se comenzó a aburrir del tango, lo que le parecía muy triste, porque no hay cosa más triste que un músico aburrido de la música que toca.

Con todo, comenzó a trabajar como arreglador del músico Anibal Troilo, considerado el mejor bandoneonista de tango de ese entonces. Aburrido de lo mismo de siempre, comenzó a innovar, a introducir armonías disonantes. Pero no fue comprendido. Le decían que estaba equivocado, que no sonaba bien. Piazzolla insistía en que eran acordes modernos. Pero no hubo caso.

Entonces dejó a Troilo y siguió escribiendo tango como a él le gustaba. Pero a la gente no le gustaba y comenzó a tener problemas económicos. Por esta razón, comenzó a trabajar en la orquesta Filarmónica de Buenos Aires como músico clásico, mientras por las noches seguía tocando tango en un cabaret. Durante varios años siguió este ritmo demoledor, durmiendo no más de dos horas diarias.

Mientras estaba en la orquesta filarmónica escuchó toda la música clásica posible. Toda. Y comenzó a ocurrir un fenómeno extraño en su interior. Él lo describe así: “A Piazzolla le gusta cada vez más la música y menos el tango”.

Continuó sus estudio con Ginastera, un reconocido músico clásico argentino. Mejoró mucho y comenzó a componer música clásica. Fue así que ganó un concurso y fue becado por el gobierno francés para ir a estudiar a Paris con Nadia Boulanger, considerada la mejor pedagoga musical del mundo.

Cuando llegó a estudiar con Boulanger llevaba cinco años sin tocar tango. Sentía vergüenza del tango, al que consideraba una música menor, y del bandoneón no quería saber nada. Nada de nada. Para él el tango no era más que música de cabaret. Había renegado del tango.

NadiaSin embargo, cuando Nadia Boulanger se entrevistó con él, tomó sus composiciones clásicas y las puso a un lado como si fuesen basura, y luego le pidió que se dirigiera al piano y tocara la música que interpretaba en Buenos Aires. Y Piazzolla tocó un tango. Cuando lo oyó tocar exclamó “¡Qué maravilla! Éste es Piazzolla, el otro no”. Reconoció en él lo que ella llamaba “estilo”. Y fue en ese minuto que Piazzolla comenzó a creer en Piazzolla. Tenía 32 años.

Pasó el tiempo y Piazzolla, en sus palabras, comenzó a sentir que Dios estaba detrás de su vida, y que le decía que si era fiel a sí mismo le iría bien, que recibiría un premio. Y así fue.  Y Piazzolla llegó a ser Piazzolla, y su música se convirtió en Buenos Aires y, más aún, en Argentina.

Al igual que Piazzolla, todos tenemos algo único que aportar en esta vida y en este mundo, grande o pequeño. Pero sólo lo descubriremos y lo llevaremos a cabo si tenemos el heroísmo de ser fieles a nosotros mismos, aunque haya que pagar el precio de la incomprensión. Ése es el precio de ser únicos, de ser originales. No es fácil, pero es el único camino que vale la pena, porque es nuestro camino, el camino que Dios nos ha dado, el camino que lleva el sonido único de nuestro nombre y que nadie sino nosotros puede recorrer.

 

 

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  1. […] en sus vidas, no sólo salieron adelante y tuvieron éxitos notables. Steve Jobs, Albert Einstein, Astor Piazzolla, Aime Mullins, Hellen Keller, Christy Brown, nuestra Daniela García, entre tantos, son nombres que […]



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