En la escuela del dolor

Crown of thorns on dark red grunge background

Nos guste o no, el dolor es un compañero inseparable de nuestras vidas. De distintas maneras y en distintos grados las estaciones de nuestra vida incluyen el invierno del sufrimiento. No estamos hechos para dolor, sin embargo. El dolor no es puerto de destino para el hombre. El fin del hombre no es el sufrimiento, sino la felicidad. Pero sufrimos.

Todos, de alguna manera, hemos entrado alguna vez a la oscura y solitaria noche del dolor. Penas de amor, la muerte de nuestros seres queridos, el fracaso profesional, la enfermedad, las crisis económicas, una ruptura matrimonial, la traición, la soledad, en fin, los distintos rostros del sufrimiento que siempre sabe presentarse en nuestra vida de forma absolutamente personal. Parafraseando a Tolstoi podríamos decir que cada hombre desdichado lo es “a su manera”.

Pero queremos ser felices. Eso es lo que deseamos. Por eso nos interesan las vidas de aquellos hombres y mujeres que han sabido sobreponerse a situaciones aparentemente insalvables, que han tocado fondo y han salido adelante. Buscamos en ellos el ánimo, el ejemplo, la inspiración y también, por qué no, la “clave secreta” para cruzar con éxito el desierto del sufrimiento hacia la tierra prometida de la felicidad.

Aunque la lista de esos héroes es grande, hay dos que he recordado particularmente al escribir este artículo. El primero es Viktor Frankl, el brillante psiquiatra judío-austríaco que sobrevivió a Auschwitz; y el segundo, Nick Vujicic, el joven australiano que nació sin brazos ni piernas y que ahora se ha convertido en un brillante orador motivacional, escritor y evangelista.

Viktor Frankl tenía cerca de 37 años cuando fue tomado prisionero y llevado a Auschwitz junto a sus padres y su joven esposa, que en ese entonces tenía un incipiente embarazo. Frankl pudo haberse librado del campo de concentración. Había obtenido un pasaporte  para huir a Estados Unidos. Sin embargo, prefirió quedarse con sus padres ancianos, que no habían conseguido pasaporte. Entonces fue tomado prisionero y separado de su madre y de su esposa. Pudo cerrar los ojos de su padre, que murió con él. Pero del amargo destino de su madre, de su esposa y de su pequeño hijo abortado, sólo se entero al ser liberado de los campos de concentración varios años después. Sobrevivió a los tormentos más crueles de la maldad humana sólo para enterarse que toda su vida había sido borrada de un plumazo. El suicidio fue una idea recurrente para él durante mucho tiempo. Sin embargo, se sobrepuso; y su experiencia en el dolor de Auschwitz fue la materia prima para plasmar una joya de la literatura universal, El hombre en busca de sentido, libro en el que relata su experiencia en los campos de concentración y esboza su teoría psicoterapéutica, la logoterapia, o “terapia del sentido”, en la que propone que toda restauración psíquica pasa por encontrar un sentido a la propia vida, camino que Frankl siguió para sobrevivir a los campos de concentración y a la pérdida de su familia.

Nick Vujicic, por su parte, tiene su propia historia. A raíz de un medicamento inadecuado que su madre tomó durante su gestación, Nick nació sin brazos ni piernas. Fue un golpe duro para sus padres. Su madre no quiso recibirlo, sino hasta mucho tiempo después. Creció feliz, sin embargo, durante los primeros años de su vida, hasta que se dio cuenta con toda claridad que era distinto a los demás niños. Sufrió las burlas y el rechazo y cayó sobre él la sombra del miedo y la desesperación. A los diez años intentó suicidarse en la tina del baño. Sin embargo, la luz de su fe en Dios lo ayudó a salir adelante. Comenzó a dar testimonio de su lucha y de su fe ante su comunidad cristiana. Le animó ver que servía de inspiración a tantas personas que, de distintas maneras, veían en él un ejemplo y querían oírlo. Descubrió que tenía talento como orador y supo encontrar en lo que todos veían sólo una limitación, la fortaleza más grande para dirigirse a las miles de personas que como él y como nosotros, se han visto ahogados por tantas dificultades y sufrimientos. Nick hoy ha escrito ya dos libros y ha hablado ante millones de personas en todo el mundo. Está casado con una bella y admirable joven con la cual comparte su fe y un lindo hijo.

Tanto Viktor Frankl como Nick Vujicic pasaron por situaciones que no son deseables para nadie. Sin embargo, paradojalmente, no habrían alcanzado las cotas de grandeza humana a las que llegaron (y no me refiero al éxito económico o al prestigio, sino a su estatura moral) si no se hubiesen visto exigidos al heroísmo que necesitaron para salir adelante. Como lo resume sabiamente el “señor Méndez” al personaje que interpreta Nick Vujicic en ese hermoso corto, El Circo de las Mariposas: “Mientras mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo”.

Efectivamente, se da una paradoja en el sufrimiento. No estamos destinados a él, pero las grandes transformaciones morales solo se logran cuando experimentamos nuestros propios límites, y esos límites sólo se conocen en el dolor. Sólo en ese punto es posible la dilatación de nuestros mejores dones. Puede sonar burdo el ejemplo, después de todo lo que he dicho, pero lo digo por elocuente: los músculos sólo crecen en el punto donde se rompen. Y esto sucede cuando ya no es posible resistir más peso ni más dolor. Los músculos no crecen quitando peso, sino añadiéndolo. Paradojal, ¿no? Es la ley de nuestra vida.

No hay que buscar el sufrimiento, sino la felicidad. Pero cuando sobrevenga el dolor, entremos a él con la fortaleza y la sabiduría necesarias para aprender la lección que nos quiere enseñar. Hay tantas cosas que sólo aprendemos sufriendo, entre otras, la humildad de ver nuestras propias limitaciones. La humildad, asimismo, nos enseña a valorar la amistad y el amor de nuestros semejantes que, más que nunca en esos momentos de dificultad, se nos hacen necesarios.

Por otra parte, cualquier buen padre sabe que sus hijos deben ser exigidos para madurar. No es mucho lo que se puede esperar de un hombre que ha sido educado como un niño mimado. El sufrimiento, además, siempre se presenta con alguna oportunidad. Hay que saber descubrirla. Es cierto que el invierno es frío y a veces sombrío, pero sólo en invierno podemos conocer la belleza de la nieve.

Para quienes somos emprendedores el fracaso y las dificultades son la mejor escuela por la que podamos pasar, más que los libros de texto y los consejos de nuestros mentores. En el emprendimiento sucede como en la montaña. Así como quien no está dispuesto a padecer el frío y la altura nunca podrá llegar a la cumbre, quien no esté dispuesto a aprender con ahínco las lecciones que le enseña la escuela del sufrimiento, nunca podrá rozar las altas cotas del logro y de la perfección humana, siendo esta última la que más importa, porque al final de nuestra vida lo que más cuenta es aquello en lo que nos hemos transformado.

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