Felicidad y trabajo. Una matriz de 4 cuadrantes nos da la clave

love my job

Se dice que no hay nadie que, en su lecho de muerte, haya dicho: “Debí haber pasado más tiempo en la oficina”.

Esto se lo oí por primera vez a Stephen Covey. Pero, con todo el respeto que me merece su notable sabiduría, no estoy seguro de que esta afirmación sea del todo cierta.

A simple vista creo que es razonable y posible que un patán consumado, un vago aparentemente irreversible o un hippie perdido, al final de su improductiva existencia, pueda plantearse si no habría sido mejor para él pasar más tiempo en la oficina. Diría que no es sólo perfectamente posible, sino deseable. Morir arrepentido de haber sido un flojo, después de todo, me parece encomiable como un último gesto de nobleza y dignidad.

¿Pero será así? ¿No será que el trabajo es simplemente un mal necesario, inconcebible en un mundo ideal? ¿No será acaso un castigo divino o sencillamente una paradoja más de la existencia humana?

Si éste fuera el caso, la vida humana sería terrible. Consideremos, por ejemplo, que un hombre promedio vive 75 años. Una persona normal pasa el 33% de ese tiempo durmiendo, esto es, casi 25 años. ¡25 años durmiendo! De lo que se puede deducir que solo tiene 50 años de vida consciente. Si consideramos, además, que la vida laboral de un hombre es de aproximadamente 46 años (incluyo los años de estudio, si los hay), trabajando en promedio 45 horas semanales (que no es mucho), tenemos que nos pasamos trabajando, en total, casi 13 años completos de nuestra vida. Si le restamos este tiempo a los 50 años que nos iban quedando, resulta que ya nos quedan sólo 37 años de vida “libre”. Y podemos seguir quitando. Podemos quitar todo el tiempo de la educación primaria y secundaria (que es el “trabajo” de los niños); o podemos restar las horas en el baño, o los traslados. La verdad es que sacando por aquí y por allá nos va quedando muy poco tiempo neto para hacer las cosas que nos divierten, para tener una especie de weekend life.

Pero, gracias a Dios, las cosas no son así. Lo demuestra el hecho de que hay algunas profesiones en que la diversión y el trabajo convergen como dos ríos a un mismo cauce. Pensemos en los músicos, los escultores, los escritores, los bailarines, los futbolistas, los tenistas y tantos otros. En ellos se da con especial fuerza aquello que llamamos “vocación” profesional. Ellos se sintieron “llamados” (que eso significa la vocación) por un fuerte impulso del corazón. Para ellos trabajar y jugar es lo mismo, lo cual no quiere decir que no haya exigencia o dificultad en sus tareas. Por supuesto que las hay, pero se les presentan como desafíos que enfrentar, como retos que vencer, y no como un lastre que arrojar.

Ésta debería ser la situación general en nuestra vida profesional: hacer lo que amamos, lo que nos apasiona, lo que nos tironea el corazón, que no necesariamente es una carrera artística. Puede haber una vocación en los negocios, puede haber un llamado en la medicina, puede haber una pasión en la ingeniería, como también puede no haberla en ninguna de las tres.

Pero lo que habitualmente sucede es que las decisiones sobre la carrera profesional las tomamos con la billetera y no con el corazón. Y cuando hablo del corazón no me refiero a un vago sentimiento romántico y medio hippie, sino a ese lugar profundo de nuestro interior donde confluyen nuestros amores más limpios y lo mejor de nuestros talentos. Me refiero a ese lugar donde, más que en ningún otro, somos nosotros mismos.

Nick Vujicic, el joven australiano que nació sin brazos ni piernas, convertido ahora en famoso orador y escritor motivacional, estudio inicialmente la carrera de contabilidad y finanzas, por consejo de su familia, pero se dio cuenta con el correr del tiempo, que lo que realmente quería hacer era convertirse en orador motivacional y en evangelista (él es un cristiano de gran fe). Quiso dedicar su vida a eso. Es así que paradojalmente encontró en sus limitaciones, en su falta de brazos y piernas, una enorme fortaleza para su propósito. Porque se transformó en un testimonio vivo de lo que significa salir adelante en la vida cuando todo y todos nos dicen que no se puede.

El mismo Nick Vujicic, en sus libros, nos invita a seguir la ruta de lo que amamos, de lo que nos apasiona. Él piensa, desde la fe, que cada uno de nosotros tiene una misión en la vida y esa misión la descubrimos precisamente donde confluyen nuestra pasión y nuestros talentos, aunque todavía no los tengamos desarrollados del todo. Y nos recomienda vivamente: “Descubre, en primer lugar, eso que amas; y en segundo lugar, consigue que alguien te pague por eso. Si lo logras, ya tienes una profesión”.

El trabajo es para los adultos lo que el juego es para los niños: un divertido reto para desarrollar nuestros dones y nuestros talentos. No es normal una divergencia entre diversión y trabajo, entre felicidad y vida laboral. Puede ser común, frecuente, pero no normal. Y entiendo aquí “normal” como algo que se rige por una norma, por un orden, por una razón. ¿Hay alguna buena razón para no ser feliz en tu trabajo?

Muchos asisten a cursos de administración del tiempo con el propósito de hacer más rápido su trabajo, de ser más productivos. Pero eso no necesariamente los lleva a “aprovechar” mejor el tiempo. ¿Podemos realmente “aprovechar” un tiempo que no nos hace felices? ¿Has probado acaso tratar de engullir lo más rápido posible un plato de hígados crudos con ají y en doble ración? ¿Te parece que eso es aprovechar el tiempo sólo porque lo haces más rápido?

Aprovechar el tiempo es dedicar nuestra vida a lo que realmente nos hace felices. Porque una de las más grandes pérdidas de tiempo que existen es consumir nuestra vida en un trabajo que no nos gusta, que no tiene significado para nosotros o, incluso, que odiamos.

Para ayudarnos a reflexionar diseñé una matriz muy sencilla que nombré “matriz vocacional”. En ella hay cuatro cuadrantes. Te invito a revisarla por un momento.

Matriz vocacional: convergencia entre pasión y talento en el trabajo

Podemos describir estos cuatro cuadrantes como sigue:

1.    Zona de exploración

El primer cuadrante es la zona de exploración. En él se unen, por una parte, una pasión fuerte por algo; y por otra, la incompetencia para realizarlo. No necesariamente es una incompetencia invalidante y definitiva. Basta con que no sepamos cómo hacer bien eso que nos apasiona para estar en esta situación. Estamos ubicados en esta zona, por ejemplo, cuando descubrimos una pasión en la música y el canto y queremos aprender a tocar la guitarra y cantar. Entonces nos compramos una guitarra, tomamos un curso y comenzamos a balbucear un canturreo. Te puedo asegurar que así comenzó John Lennon. Quizá tienes talento, quizá no. Es una zona de exploración y desarrollo. Hay una importante cuota de dedicación y trabajo duro antes de ver si aquí hay un camino para ti.

2.    Zona de felicidad

El segundo cuadrante es la zona de felicidad. En este cuadrante confluyen tus talentos y lo que te apasiona, eres diestro y estás a gusto. Es la convergencia ideal. En este punto nos damos cuenta que tenemos talentos destacados para ciertas cosas y que, además, nos encanta realizarlas. Quizá la música, quizá el arte, quizá los negocios, quizá la medicina, quizá escribir. Es el cuadrante de la vocación. Es aquí donde debemos buscar nuestro camino, nuestra misión.

3.    Zona de infelicidad

La zona de infelicidad es un cuadrante donde no convergen ni talento ni pasión, ni siquiera gusto. Odias tu situación. Estás limpiando letrinas en un campo de concentración. Es la zona de las víctimas o de los tontos. Nada que hacer. Si estás en este punto vas a durar muy poco. O morirás de tifus o alguien te va a despedir. Pero no te preocupes si sucede: te están haciendo un favor.

4.    Zona de sobrevivencia

Este cuadrante es la zona de la mayoría. Es la zona de los cobardes o de los confundidos. Aquí se encuentran aquellos que prefirieron dedicarse a algo que no les apasionaba particularmente, pero para lo cual tenían algún talento. Quizá les daba dinero, estabilidad, una posición… Y, bueno, quizá con el tiempo les haya terminado gustando. No son gente mala, sólo son un poco cobardes. Son como esa chica linda que para elegir marido lo primero en que se fijó fue en la billetera de su prospecto. Al final, puede que termine queriendo a su marido.

Me quiero quedar con este último ejemplo para decirte que la vida profesional tiene momentos muy duros, muy difíciles, lo mismo que el matrimonio. Muchas veces sobreviene como una noche oscura que ensombrece nuestra vida. En ambos casos, en el trabajo y en el matrimonio, el amor es lo que nos hace salir adelante. Si no hay amor, si no hay pasión, es difícil la victoria. Es otra Importante razón para dedicarte a lo que amas. Es muy difícil hacer bien un trabajo que no te hace feliz y perseverar en él.

Déjame invitarte a hacer el siguiente ejercicio mental. Piensa por un momento que eres rico, que no necesitas trabajar para vivir. ¿Qué harías en ese caso? ¿En qué gastarías tus horas y tus días y tus años? Piénsalo con calma. Luego, haz una lista de las veinte posibles actividades a las que te dedicarías y examina seriamente si tienes talentos para ellas o si los podrías desarrollar. A continuación, mira tu vida actual, tu realidad. ¿Dónde estás? ¿Qué es lo que haces? ¿En qué cuadrante de la matriz de la vocación estás?

Cuando termines piensa en tu vida, reflexiona. ¿Estás donde quieres estar? ¿Estás contento? Si estás en la zona de felicidad sólo me queda felicitarte. Eres un privilegiado o un valiente. Pero si no estás ahí. Si estás quizá en el cuadrante de la sobrevivencia, posiblemente sea el momento de replantear tu vida y de seguir un nuevo camino, con inteligencia. Un camino que te haga feliz.

Ten cuidado, porque es fácil caer en el autoengaño. Un psicólogo de Harvard llamado Daniel Gilbert desarrolló un concepto que él llamó “felicidad sintética”. Él define la “felicidad verdadera” como la felicidad que tenemos cuando obtenemos lo que queremos. En cambio, la “felicidad sintética” es la felicidad que tenemos cuando no obtenemos lo que queremos. La “felicidad sintética” es algo así como un mecanismo de autodefensa psicológico ante las situaciones irreversibles y frustrantes: una mujer que asiste a una cita con un sujeto que eructa en la cena probablemente no lo quiera volver a ver. Pero cuando ese sujeto es su marido dice: “Bueno, pero tiene un gran corazón…”.

La “felicidad sintética” es en el fondo una forma más para definir el autoengaño, el conformismo. La sabiduría popular nos recuerda muy bien esto cuando nos dice que “si no eres capaz de vivir como piensas, terminas pensando como vives”.

4 Responses to “Felicidad y trabajo. Una matriz de 4 cuadrantes nos da la clave”

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  1. andres4500 says:

    Estimado tiene toda la razón, sobre todo cuando uno tiene el corazón dividido entre lo que te apasiona hacer y el tema económico, el gran problema es que vivimos llenas de metas, pero sin propósito, trabajamos para las metas, las alcanzamos y seguimos trabajando para nuevas metas. Cuando lo que si traería frutos de felicidad a nuestra vida es que las metas trabajaran para nuestro propósito, no pensando en la felicidad como un fin, sino como un proceso que se vive día a día, con dificultades victorias y derrotas, como parte de ese proceso. Aunque sabemos los que algún día leyeron la vida del Rey Salomón, que después de haber alcanzo las 3 F (las mas grandes victorias y debilidades del hombre, FAMA, FALDA Y FORTUNA) llego a la siguiente conclusión en eclesiastes que todo es vanidad de vanidades, y que lo único que vale la pena es TEME Y AMA AL SEÑOR TU DIOS(Jesús).

    Un fuerte abrazo

    Andres

    • Pedro says:

      Gracias por tu comentario, Andrés. Creo también, como tú, que la felicidad ya la poseemos en un cierto grado. Es decir, ya somos en cierto sentido felices. John Finnis, un gran filósofo contemporáneo resume la felicidad en la posesión de ocho bienes:

      1.- La vida
      2.- El conocimiento
      3.- La experiencia de la belleza
      4.- El juego (y el trabajo)
      5.- La armonía con los otros
      6.- La armonía en nosotros mismos (la paz interior)
      7.- La armonía entre nuestras elecciones y nuestras acciones (la coherencia)
      8.- La armonía con Dios

      Por cierto, la última es la que le da sentido a todo lo demás, como tú bien dices.

      Un abrazo igualmente,

      Pedro

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  1. […] En otro artículo hablé con detenimiento de la importancia de la convergencia entre pasión y talento para alcanzar la felicidad en el trabajo. Si te interesa, puedes revisarlo en el siguiente link: Felicidad y trabajo. Una matriz de 4 cuadrantes nos da la clave. […]

  2. […] En este bien básico también se encuentra el “trabajo”. Más de alguno podría pensar que debe haber algún error en esto. Pero la verdad es que no lo hay. Esta duda surge del triste hecho de que mucha gente odia su trabajo, con un odio real y consistente, porque lo considera más bien un mal necesario que una diversión. Sin embargo, esta situación tan triste no es normal. El trabajo debiera ser para los adultos lo que el juego es para los niños, un espacio de desafío y desarrollo de nuestras mejores habilidades. Pero no quiero extenderme más en este punto, porque escribí un largo artículo sobre esta cuestión llamado Felicidad y trabajo. Una matriz de 4 cuadrantes nos da la clave. […]



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