¿Genio o tonto?

Salvador Dalí

Salvador Dalí

Hay un abismo entre un genio y un tonto. Sin embargo, más allá de sus diferencias, tienen una cosa en común: ambos son testarudos.

Esta reflexión se me vino a la cabeza a propósito de una idea de negocio que presenté a Bomba Camp, una “bombeadora” de startups que tiene un fantástico programa de experimentación de cinco semanas basado en la metodología lean startup, de Eric Ries, y running lean, de Ash Maurya.

La metodología consiste básicamente en realizar hipótesis sucesivas acerca de un problema que alguien tiene, de su posible solución y del modelo de negocios que sustentaría dicho intercambio de valor. Esta hipótesis se pone a prueba en entrevistas sucesivas con un segmento específico de prospectos, idealmente aquellos que con mayor probabilidad podrían tener el problema y estarían interesados en pagar por la solución. De esta manera, antes de desarrollar el producto, se podría conseguir el feedback necesario para reformular la idea de negocio cuantas veces fuese necesario para asegurar la compra o desechar la idea. El objetivo ideal de esta sucesiva serie de experimentos es conseguir los primeros clientes que estén dispuestos a pagar, incluso, por experimentar con ellos, los llamados early adopters.

¿Cuál es el problema que le veo a todo esto? Desde el punto de vista de reducir los riesgos, ninguno; desde el punto de vista de la idea de negocio, muchos. ¿Por qué? Porque sucede un poco aquello que decía Henry Ford: “Si yo le hubiese preguntado a mis clientes qué querían, ellos me habrían pedido un caballo más rápido”. Y, efectivamente, eso es lo que está pasando con mi idea de negocio. Les he propuesto un automóvil y ellos me están pidiendo un caballo más rápido. ¿Por qué? Porque, definitivamente, no parecen ver lo mismo que veo yo. ¿Deberé seguir el consejo de Ash Maurya: “La vida es demasiado corta para construir algo que nadie quiere comprar”?

Mi idea, en términos muy generales, consiste en reunir a todos los protagonistas de la industria de la construcción en un solo lugar, en una web con características de marketplace y de red social. En ella se podría interactuar, transferir información, licitar, publicitar… Todo en un solo lugar. El problema es cómo hacer que entren unos y otros cuando no hay nada. Y explicarles eso con nada más que un papel. Sencillamente, no lo ven; o si lo ven, más o menos, se conforman con seguir como están: con el teléfono, el email y ¡el fax! Si yo he visto a empresas gigantescas llegar a regiones y no saber cómo conseguir contratistas. ¡A Ingevec!, por ejemplo ¡Desesperados buscando en las páginas amarillas, en google o en cualquier lugar un mísero maestro o algún contratista que quiera trabajar con ellos sin ningún resultado! ¡Daban pena! Algunas constructoras viven realmente en la edad de piedra. Por eso, al fin y al cabo, dejé la construcción, por lo menos la parte operativa. No quería perderme la modernidad, no quería que ésta pasara frente a mi vista sin que yo la viviera.

En fin. No ha sido todo incomprensión, en todo caso. Pero a veces me siento, al tratar de explicar mi idea, como si estuviese tratando de explicarle qué es el color a un ciego de nacimiento. ¿Se le podrá vender una máquina fotográfica a un ciego? Quien sabe. ¿Seré tonto? ¿Seré un genio? No lo sé. Lo único que sé es que soy testarudo y voy a insistir.

One Response to “¿Genio o tonto?”

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  1. PFRP says:

    En 1982, inicié, solo con el apoyo del Rector de la UCN, que en esa época era más que suficiente, el sistema de educación a distancia de esa Universidad. Ninguno de mis colegas de profesión me apoyaba en esa etapa inicial.
    Como soy persistente saqué adelante ese proyecto en una época en que nadie daba un peso por iniciativas que rompieran los paradigmas educacionales existentes en nuestro país.
    Hoy, la educación a distancia es una realidad generalizada a nivel privado y, aún timidamente en algunas instituciones de educación superior.
    Siempre cuesta, pero siempre es posible en la medida que cambia la manera de pensar de la gente. En todo caso no es cuestión de edad es cuestión de visión de futuro. Änimo.

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