Nunca he comido caca

Nunca he comido caca (que yo sepa), ni tampoco he leído a Deepak Chopra. De ninguna de las dos cosas me arrepiento, sin embargo, y por las mismas razones.

Confusión

Pero la verdad es que a veces no entiendo a la gente. Alguien podría decir que no la entiendo, porque soy tonto. Bueno, podría ser. Pero no es la única razón posible. La alternativa es que yo no entienda a la gente, porque sencillamente es intrínsecamente imposible entenderla. Eso pasa cuando la gente hace o dice estupideces. Lo estúpido, por definición, no se puede entender. De lo contrario, no sería estúpido. Esta doble posibilidad ante la falta de comprensión: la alternativa entre mi tontera y la del otro, ha sido para mí una gran herramienta de análisis en la búsqueda de la verdad. Siempre que alguien me dice algo que no entiendo me pongo ante esta disyuntiva: a este tipo no le entiendo, porque soy tonto o porque sencillamente lo que me está diciendo es una estupidez. Generalmente es lo último. Aunque debo reconocer que lo primero me ha sucedido más de alguna vez, aunque cada vez menos, gracias a Dios.

¿A qué viene todo esto? Es que no puedo entender cómo sujetos como Deepak Chopra y Eduard Punset, entre otros,  puedan ser seguidos por tanta gente. Y en este caso, tengo plena seguridad de que la culpa no la tengo yo, la tiene la gente.

Pero no quiero lanzar diatribas sin más. Algún argumento, aunque sea corto, tengo que dar. Eso es lo que voy a hacer ahora. Y al primero que voy a agarrar es a Punset, que es el más fácil.

A Eduard Punset no lo entiendo, porque Punset no se entiende. Punset es un abogado, economista, político y “divulgador” científico muy reconocido en España entre cierta gente (entre cierto tipo de gente). Ha promovido a especialistas notables en sus materias, como Martin Seligman, Dan Ariely o Ken Robinson, y otros no tanto. A todos les dice que sí, como si entendiera. Pero el problema no es con quien se junta, sino lo que habla. Dime con quien andas y te diré quién eres, dice el refrán. Si ven a Punset con tanta gente inteligente pensarán que él también lo es. Pero se equivocan. Punset no es más que una mezcla de dulzonería sarcástica, ideas a medio digerir, divagación científica barata, tópicos contradictorios, enredo lingüístico, progresismo facilón y charlatanería, todo bien revuelto.  A veces parece que dice algo sensato, pero cinco minutos después se contradice. Tiene un nudo gordiano en la cabeza, imposible de desatar. Salta de un punto a otro y no dice nada. Con todo, es considerado un experto, por ejemplo, en felicidad. Una  vez lo oí decir que había sido feliz toda su vida, excepto por 15 minutos. ¿Van entendiendo cuál es el problema de Punset?

El nudo gordiano de Punset no se puede desatar en un día, ni en un artículo. Por lo demás, no vale la pena. Sólo voy a dar un botón de muestra. Para Punset la felicidad es la “ausencia de miedo”. Esa fue la respuesta que dio una vez que se lo preguntaron, aunque después trató de arreglarla un poco. ¿Ausencia de miedo? Hay gente que con esa respuesta queda conforme.

Pero -pensemos un poco- si la felicidad fuese la ausencia de miedo, las piedras, los muertos y las personas en coma serían felices, porque ninguno de ellos tiene miedo, o sea, cumplen con la definición de Punset. Pero, ¿son realmente felices? No voy a seguir argumentando, creo que con esto es suficiente.

Deepak Chopra es otro caso. Es uno de los máximos exponentes del movimiento de la Nueva Era, un revuelto de pseudociencia, espiritualidad, panteísmo, orientalismo y cuanto se le parezca. La Nueva Era, en general, consiste en un conjunto de conocimientos supuestamente ocultos, aunque conocidos por unos pocos iluminados (como Chopra, por ejemplo), que provienen, en su mayor parte, de la sabiduría oriental, donde nunca han servido mucho, por lo visto.

La Nueva Era pretende fundamentarse en investigaciones científicas, todas ellas de dudosa calidad. En realidad no pasa de ser poesía barata y llena de contradicciones lógicas. El atractivo de este tipo de doctrinas esotéricas (o secretas) es que prometen que, una vez manejadas, lograremos el dominio absoluto del mundo y de nuestras vidas. Nada podrá interferir en nuestra felicidad. Es tentador, por cierto, pero falso y tonto.

Para tener una opinión sobre Chopra no he leído sus libros, ni pienso hacerlo, pero los he ojeado y he visto sus reseñas. Con esto me basta, como me basta oler una letrina para saber qué es lo que hay en ella.

Además de su poesía panteísta, rimbombante y llena de contradicciones lógicas, no dice mucho. Sólo como botón de muestra les presento esta propuesta que da en su último libro sobre felicidad:

“Concéntrate en el presente. Si lo haces, tu vida se renovará constantemente. El momento presente es lo único eterno. No muere ni puede ser olvidado. Por eso la felicidad en el presente no se te puede arrebatar. Ella te libera de la trampa del tiempo, que produce pesar debido al pensamiento, la evaluación y el análisis. Experimenta la intemporalidad, ahí está tu ser verdadero”

Aplico la reductio ad absurdumO sea, “reduzco al absurdo” el argumento para demostrar su falsedad. Pienso, por ejemplo, en Viktor Frankl, psiquiatra judío-austríaco que estuvo prisionero varios años en los campos de concentración nazis. Tuvo una vida miserable. Su presente era miserable, horrible, todo el tiempo que estuvo allí. Por eso, la forma que encontró para sobrellevar ese presente miserable fue precisamente introducirse en el tiempo (no salir de él) y construyó un futuro en su imaginación en el que era libre y feliz. Ese esfuerzo fue el que lo mantuvo vivo. A mí no se me habría ocurrido jamás aconsejarle, mientras Frankl, famélico, trataba de cargar escalera arriba un cadáver, que se concentrara en el presente. Tendría que haber sido muy estúpido para aconsejarle algo como eso. Bueno, Chopra se lo habría aconsejado.

El tiempo no es un trampa. El tiempo es una realidad que tiene mucho que enseñarnos. Vamos, cambiamos, nos dirigimos. Eso nos dice el tiempo. El futuro es el lugar del sentido, el pasado de la experiencia, y el presente de la acción. Renunciar a la imaginación, por ejemplo, considerándola como una fuente de la infelicidad equivale a renunciar al corazón por considerarlo el causante de los infartos. La imaginación es una facultad creadora que nos marca el camino de nuestra vida, no podemos renunciar a ella, sin renunciar a lo que somos.

No será la última vez que alguien intente hacernos cuadrar el círculo. Sin embargo, que algo se pueda decir o escribir, no quiere decir que sea verdad o que exista en la realidad. Recuerda bien. Grábalo en tu cabeza. Si no entiendes algo puede haber dos razones: eres tonto o acabas de escuchar una estupidez.

(Créditos de la imagen: Yeuse1)

 

 

 

 

 

 

 

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  1. […] Hasta un gato muerto es no-naranja. ¡Michael Jackson es no-naranja! Y tal como lo dije en el artículo anterior, las piedras, los muertos y las personas en coma no tienen miedo, pero habría que ser retrasado […]



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